Reflexiones sobre emprendimiento: ¿Por qué es tan difícil emprender?

Reflexiones sobre emprendimiento: ¿Por qué es tan difícil emprender?

¿Qué pasa con el emprendedor durante el desarrollo de su proyecto?

Ésta es la pregunta que continuamente se hace alguien que ha llevado a cabo algún emprendimiento, y no sólo es percepción del emprendedor, las estadísticas respaldan con hechos esa sensación de complejidad. El INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía) señala en su reporte Esperanza de vida de los negocios en México que la esperanza promedio de supervivencia de un negocio en México es de 7.8 años, contabilizados desde su inicio de operaciones, adicional a estos datos, el Instituto del Fracaso, el INEGI y el Centro para el Desarrollo de la Competitividad Empresarial han estimado que el 75% de las PYMES en México fracasan antes de sus 2 primeros años de operación.

Ante estos datos podemos concluir que definitivamente el emprendimiento no es cosa fácil.

Si realizáramos un ejercicio y buscáramos en Google la respuesta a ¿Cómo emprender un negocio exitoso?, encontraríamos resultados y recomendaciones de este tipo: Identifica una idea que te apasione, realiza una investigación de mercado, estima tus costos e ingresos, desarrolla tu plan de negocios, verifica los permisos necesarios, busca posibles inversionistas etc.

Todos estos requerimientos son reales y necesarios en el desarrollo de tu idea de negocios, sin embargo, existe un factor determinante para el éxito o fracaso de un negocio, ese factor es el emprendedor.

¿Qué pasa con el emprendedor durante el desarrollo de su proyecto?

Vamos a iniciar imaginándonos una de las formas más comunes de cómo llega un emprendedor a tomar la decisión de emprender. Remontémonos a ese momento decisivo en nuestra vida profesional cuando estamos a punto de salir de la universidad, ¿Cómo lo recuerdan?, en mi caso recuerdo a un profesor que nos decía que una vez que termináramos nuestra carrera habría una fila de reclutadores esperándonos a las afueras de la universidad para contratarnos; la realidad es que no hubo nadie esperándome para contratarme, y lo que es peor, tenía una gran confusión sobre en qué áreas o empresas quería desarrollarme.

La realidad es que terminé trabajando en una empresa de cierto renombre haciendo nada o muy poco, esto en gran media porque seguí el proceso socialmente aceptado de ingresar a una empresa bien posicionada para que en un futuro apareciera en mi currículum y ello me diera cierto prestigio a pesar de que el desarrollo de mis competencias fuera prácticamente nulo.

Sin embargo, recuerdo haber iniciado mis días de “Godín” con mucho entusiasmo, lleno de iniciativas, dispuesto a aprender y aportar ideas, y justo en este momento la realidad me volvió a alcanzar y pude darme cuenta que tenía un jefe nada dispuesto a enseñar, que la cultura de la empresa era de nula creatividad, predominaba la ejecución de actividades sin cuestionamientos, en pocas palabras todo era una rutina salvo cuando algo se estrellaba y aparecía un bomberazo que se tenía que apagar de inmediato. Esta descripción podría aplicar a cualquiera de las 4 en las que he trabajado.

El ciclo en mi caso de una u otra forma se repetía, en algunas ocasiones al inicio, en otras después de unos años, siempre había bomberazos, poco desarrollo, actividades poco retadoras, pocos espacios para la innovación y sueldos por debajo del promedio del mercado.

Esta rutina comenzó a generarme frustraciones y la única palabra que venía a mi mente era “Independencia”, esto sólo lo podría lograr a través del emprendimiento. En ese momento los miedos hicieron su aparición, sin embargo, la desesperación y el enfado eran mayores, por lo que un buen día renuncie a mi trabajo y decidí emprender.

Fuera del mundo “godín” comencé a analizar oportunidades de negocio basadas en tendencias, ¿Por qué no manejar un Uber?, No, mejor algo que me apasione, ¿Para qué y en qué soy bueno?, busca solucionar un problema, ¿Cómo detecto un problema?, procura que tu idea sea novedosa y diferenciadora, ¿Qué es una propuesta de valor?, ¿Qué es un modelo de negocios?, ¿Cómo hago un plan de negocios?.

Estos fueron algunos de los cuestionamientos a los que me enfrente hasta tomar la decisión de qué tipo de negocio iniciar. Obviamente inicié mi negocio más por la premura de volver a generar ingresos que porque realmente estuviera preparado. Si preguntan por mi plan de negocios, definitivamente hice uno, pero al tiempo me percate que me sirvió de poco para evitar el fracaso de mi negocio y pasé a formar parte de la estadística de las PYMES que cierran antes de los 2 años de operación.

Después de reflexionar este fracaso, una conclusión inmediata me empujaba a culpar a los factores que no considere previamente en la planeación de mi negocio, sin embargo, después del golpe que significó, pude darme cuenta que existía un factor fundamental para que mi negocio hubiera fracasado, ese factor era yo mismo.

¿Por qué me considero como el factor más determinante por encima de cualquier otro?

En gran medida tiene que ver con el siguiente proceso:
Partamos de que existen personas que trabajamos para empresa y otras que estamos emprendiendo, en cuanto a las primeras pudiera ser común encontrar constantes quejas acerca de su trabajo, pero a pesar de ello no lo dejan, ¿Por qué sucede esto?, la respuesta rápida pudiese ser por la necesidad de ingresos, sin embargo, existe una razón adicional que tiene que ver con el sentido de logro, seguridad, importancia, trascendencia y estatus.

Cuando trabajas para una empresa, la empresa se encarga de que siempre tengas algo que hacer, nunca o raramente vas a tener tiempos libres, gran parte de esas cosas que llenan tu agenda son retos o problemas que deben ser solucionados, para ello realizas reuniones, gestionas, desarrollas y coordinas; todo esto provoca una motivación y grado de satisfacción natural y que culmina con una sensación de logro en general.

¿Qué pasa con el emprendedor? Pues bien, el emprendedor supone que en un inicio deberá jugar todos los roles de su empresa (vendedor, contador, administrador, productor y marketing), mucho trabajo por realizar.

¿Qué pasa en realidad? Lo que sucede es que conforme avanzas en tu emprendimiento te vas quedando sólo, es común no tener múltiples llamadas, juntas, problemas que resolver, clientes que atender, decisiones que tomar, equipo que liderar, presupuesto que gastar, proveedores que atender.

Todo esto en su conjunto es un golpe directo a la motivación del emprendedor por lo que al igual que un boxeador comienzas a recibir golpe tras golpe de realidad sin lograr tener la claridad para tomar las pequeñas decisiones que son claves para tu negocio.

Bajo un esquema de supervivencia lo que más necesitas es motivación y curiosamente es de lo que más careces. He podido analizar una serie considerable de negocios y me he percatado que estos nacieron con deficiencias en su planeación pero que con un poco de persistencia pudieron haber sobrevivido.

La persistencia se pierde por la falta de motivación y por la falta de claridad de hacia dónde se quiere llegar, es común caer en el pesimismo y minimizar los pequeños logros de tu negocio.

Como emprendedores requerimos estar en movimiento, creando nuestros propios retos diarios por pequeños que sean ya que necesitamos mantenernos motivados, los pequeños triunfos derivados del cumplimiento de cada reto desarrollarán en nosotros competencias fundamentales para el éxito del proyecto.

En conclusión, tú, el emprendedor, eres lo más valioso para tu proyecto por lo que la persistencia debería formar parte de tu día a día, la persistencia te ayudará a encontrar respuesta a los múltiples retos que el viaje del emprendimiento se encargará de ponerte día a día.





Antes de lanzarte a emprender considera lo siguiente:

1. Sí realiza toda la planeación estratégica de tu negocio. Emprende en algo que te apasione, que resuelva un problema de forma innovadora, que sea dirigido a un consumidor bien analizado, conoce los vicios ocultos del negocio, crea tu modelo de negocio, realiza tus proyecciones, pero sobre todo realiza un meticuloso análisis de factibilidad de tu idea de negocio.


2. Plan de negocios. Asegura que tu plan de negocios te funcione, es decir, que resuelva el Qué, el Por qué, el Para quién, el Cómo y Cuánto.


3. Consigue un brazo de ayuda. Vas a necesitar de mucho apoyo emocional por ello es necesario tener un consejero, un mentor, un asesor, alguien que te escuche y te ponga en sintonía. En mi caso esa persona es mi esposa.


4. Haz un guardadito. Siempre se te presentarán imponderables y lo mejor es que puedas trabajar y tomar decisiones sin la presión de la falta de dinero.


5. Haz networking. Trabaja mucho en generar relaciones y alianzas, tu mejores clientes vendrán de este canal.


6. Feedback. Al menos 2 veces al año reúnete con personas claves de la industria y pídeles feedback acerca de cómo va tu negocio, qué retos estás enfrentando y hacia dónde estás llevando tu negocio.


7. Consigue un socio. Busca un socio que te complemente, no te vayas sólo por la cantidad de dinero que podrá aportar al negocio.

El emprendimiento es fascinante y genera un gran desarrollo para quien se atreve a poner su propio negocio. El hecho por el cual el emprendimiento es complicado es porque todos queremos el éxito, pero pocos queremos pagar la factura que implica dicho éxito, en otras palabras, el emprendimiento te pondrá de frente ante tus peores miedos, si le temes a prospectar clientes y realizar ventas, seguramente tu emprendimiento de una u otra forma te retará hasta que superes ese miedo.

El emprendimiento tiene que ver principalmente con tener el carácter y la persistencia para vencer nuestros más arraigados miedos.

CAAI
MBA
Emprendedor
Profesor de Emprendimiento y Estrategia de Negocios en ITESM

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